Se conocieron una noche tibia de carnaval en el deportivo “Iguazú”. El de guapo arrabalero, y ella de odalisca, con la cintura al aire, en forma de guitarra, y un velo de gasa transparente, que le acentuaba los renegridos ojos.
El se acercó a la mesa, e hizo una reverencia a la muchacha y a su madre, que con un mínimo movimiento de cabeza, aceptó al guapo, que desde ese mismo momento, comenzó a cortejar a la nena.O no?? O fue desde ese momento
en realidad, donde se sintió
en una trampa, difícil de evadir.
Bueno, como sea que fuese la cosa, el guapo y la odalisca, a saber Andresito y Rosita, empezaron a noviar. Que zaguán, que comedor después, que navidades, que años que van pasando, y ya ella con menos cintura y más rezongos, y él menos guapo y más resbaladizo, cumplían diez años de aquel carnaval primero. Tan lejano, tan remoto.
Rosita había ido utilizando todos los argumentos, todas las artimañas, todos los llantos, las amenazas. Los casi embarazos, las crisis histéricas, los ruegos, los desmayos, a lo que la respuesta era siempre la misma: “TE DIJE QUE NO QUERIA” para rematar luego, y no me digas que te engañé, por que te lo dije desde el primer día.
A lo que ella respondía:_”y entonces??” y la respuesta siempre igual, :_”Y entonces nada, así estamos bien!”, y eso cerraba el diálogo.
Pero por qué Andresito cambió de parecer de la noche a la mañana, fue un misterio. Hubo varias versiones; que lo encañonaron un día unos matones en una cortada de Balvanera y lo hicieron firmar, o que su suegro le puso una valija de verdes que le cortó el aliento, en fin…
Se casaron un diciembre sofocante en la basílica de Luján, por la promesa de ella, que enviudó al mes, recién llegados de la luna de miel en Costa Rica.Pareció primero un accidente en la bañera, para resultar que él tenía varios agujeros en la cabeza, cerrados con pegamento.
Lo supo de casualidad el jardinero, cuando por esas cosas del azar, enterrando unas begonias, desenterró el misterio.En una cajita roja, de una joyería de Villa Urquiza, encontró las alianzas de los susodichos, ambas de oro amarillo , 18 kilates.
La de menor tamaño rezaba en su interior “TE DIJE QUE NO QUERIA”. La más gruesa, decía solamente “CAGASTE ANDRESITO” y en ambas la fecha de su boda.
Rosita después de 12 años sigue presa, por homicidio culposo, agravado por el vínculo.

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